El estudio fue elaborado por investigadores de la American University de Whashington, la universidad Cornell de Nueva York y la universidad de Chicago, sobre 979 niños -desde primaria hasta el primer ciclo de secundaria- junto a sus familias, en 10 ciudades distintas.
Los investigadores hallaron que el número de años que la madre pasó trabajando tuvo un efecto directo en el índice de masa corporal (IMC) de sus hijos. El IMC es la proporción entre el peso y la estatura que permite determinar si se tiene sobrepeso u obesidad.
“Cada período de un promedio de 5,3 meses durante el cual la madre estuvo trabajando, se asocia a un incremento del IMC de su hijo 10% superior a lo normal”, indica el estudio publicado en la revista Child Development.
El estudio no proporciona explicaciones a este fenómeno, pero los investigadores estiman que tal vez esté vinculado a que las madres activas pueden disponer de menos tiempo para comprar productos sanos y cocinar alimentos equilibrados, lo que las lleva a acudir a la comida rápida, que tiende a tener más grasas y calorías.
La obesidad infantil se ha triplicado en los últimos 30 años en Estados Unidos, recuerda el estudio. Actualmente, un niño de cada tres en ese país tiene sobrepeso o es obeso.
Los autores hacen la salvedad de que “se estudió el IMC de los niños en relación a la situación profesional y laboral de la madre, pero aún resta por explorar el papel que juega el padre trabajador en la salud física de sus hijos”.
martes, 8 de febrero de 2011
La edad materna determina la talla del recién nacido
Las mujeres mayores son más propensas que las jóvenes a tener bebés más grandes, afirma un equipo de Holanda. Estudios previos habían hallado que los bebés que crecen menos de lo esperado en el útero materno tienen más riesgo de tener problemas como diabetes o enfermedad cardíaca en la edad adulta, mientras que los bebés más grandes son más propensos a ser adultos obesos.
Esto, hoy, sería muy importante porque las mujeres occidentales están postergando la maternidad: según un estudio realizado por el Centro de Investigación Pew en el 2010, la cantidad de bebés de madres mayores de 35 años creció del 9% en 1990 al 14% en 2008.
El equipo de Rachel Bakker, del Centro Médico Erasmus en Rotterdam, estudió a 8.568 mujeres de Holanda que habían tenido un bebé entre 2002 y 2006, con un peso promedio de 3,5 kilogramos. Los autores definieron que un bebé “pequeño” sería el que pesa 2,5 kilos o menos, mientras que un bebé “grande” pesaría 4,5 kilos o más.
En el estudio, uno de cada 20 recién nacidos fue pequeño y uno de cada 20 fue grande. A diferencia de las mujeres de 30 a 35 años, las madres menores de 25 tendieron a tener bebés pequeños: el 4% de las de 30 a 35 tuvo un bebé pequeño, comparado con el 7% del grupo de menos de 20 años.
Por otro lado, las madres mayores fueron más propensas a tener bebés grandes, según publica British Journal of Obstetrics and Gynecology. Ese riesgo pasó del 3% en las madres más jóvenes al 6% en las de 30 a 35 años y al 10% en las mayores de 40.
La relación entre la edad materna y el riesgo de tener un bebé pequeño en el grupo de mujeres jóvenes se debió principalmente a factores sociales (etnia, educación y partos previos) y de estilo de vida (alimentación, tabaquismo y consumo de alcohol).
En los otros grupos etarios, los factores sociales, pero no del estilo de vida, también explicaron por qué las mujeres más jóvenes tendieron a tener bebés más pequeños. Pero ninguno de esos factores explicó por qué el riesgo de tener un bebé grande creció en las mujeres mayores.
Podrían influir factores orgánicos femeninos, pero aun se ignoran.
Según Bakker, se necesitan más estudios para conocer los efectos de la edad materna sobre el peso de los bebés. En tanto, la autora dijo a Reuters Health que todavía no existe suficiente información “para aconsejarles a las mujeres la edad (máxima) óptima para tener hijos”.
Esto, hoy, sería muy importante porque las mujeres occidentales están postergando la maternidad: según un estudio realizado por el Centro de Investigación Pew en el 2010, la cantidad de bebés de madres mayores de 35 años creció del 9% en 1990 al 14% en 2008.
El equipo de Rachel Bakker, del Centro Médico Erasmus en Rotterdam, estudió a 8.568 mujeres de Holanda que habían tenido un bebé entre 2002 y 2006, con un peso promedio de 3,5 kilogramos. Los autores definieron que un bebé “pequeño” sería el que pesa 2,5 kilos o menos, mientras que un bebé “grande” pesaría 4,5 kilos o más.
En el estudio, uno de cada 20 recién nacidos fue pequeño y uno de cada 20 fue grande. A diferencia de las mujeres de 30 a 35 años, las madres menores de 25 tendieron a tener bebés pequeños: el 4% de las de 30 a 35 tuvo un bebé pequeño, comparado con el 7% del grupo de menos de 20 años.
Por otro lado, las madres mayores fueron más propensas a tener bebés grandes, según publica British Journal of Obstetrics and Gynecology. Ese riesgo pasó del 3% en las madres más jóvenes al 6% en las de 30 a 35 años y al 10% en las mayores de 40.
La relación entre la edad materna y el riesgo de tener un bebé pequeño en el grupo de mujeres jóvenes se debió principalmente a factores sociales (etnia, educación y partos previos) y de estilo de vida (alimentación, tabaquismo y consumo de alcohol).
En los otros grupos etarios, los factores sociales, pero no del estilo de vida, también explicaron por qué las mujeres más jóvenes tendieron a tener bebés más pequeños. Pero ninguno de esos factores explicó por qué el riesgo de tener un bebé grande creció en las mujeres mayores.
Podrían influir factores orgánicos femeninos, pero aun se ignoran.
Según Bakker, se necesitan más estudios para conocer los efectos de la edad materna sobre el peso de los bebés. En tanto, la autora dijo a Reuters Health que todavía no existe suficiente información “para aconsejarles a las mujeres la edad (máxima) óptima para tener hijos”.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)